| Cartas - Boletim ASA nº 126, set-out/2010 |
Morte e vida Recibo y conservo en mi biblioteca familiar, que ya ha desbordado más de una habitación de mi domicilio, la colección completa de “ASA JUDAISMO Y PROGRESSISMO”. Debo confesar que, el último No. 125, que recibí con la alegría de siempre, me trajo, y me produjo, gozos, alegrías y tristezas… HORACIO ITKIS SCHECHTER -Por la contratapa, vine a enterarme del fallecimiento de Horacio Itkis Schechter. Inesperada triste sorpresa para mí. Horacio era tan vital, tan humano, tan sensible y tan buen amigo que, aunque vivimos siempre en ciudades muy distantes, cada vez que tuvo ocasión de venir a Montevideo procuraba el encuentro personal conmigo y, ni qué decir, que en cada visita que solía yo realizar a Rio de Janeiro, nunca dejó de recibirme en su hogar. Y tanto es así que, en su última visita a Montevideo, junto con su hermana Zilda y su esposa Claudete, hicimos una recorrida por el Centro y la Ciudad Vieja de Montevideo y, al despedirnos, Horacio y Claudete me invitaron a viajar a Rio y disponer de su hogar como residencia transitoria. Horacio Schechter, como sus padres Hersz y Felicia, a los que siempre recuerdo con cariño pues trabajé varios años con ellos en la Redacción del Diario idish progresista de Montevideo “Unzer Fraint”, y al igual que su hermana Zilda, a la cual me une una fuerte amistad, había heredado, de sus padres, el amor a la justicia, a la cultura progresista, el amor a la paz, a la amistad entre todos los pueblos y todas las naciones y no disimulaba su cariño por su Brasil y por nuestro Uruguay donde había residido temporariamente de niño, y creo no equivocarme si afirmo que asistió algunos años a la Escuela Pública uruguaya, escuela cuyo local fuimos a visitar juntos en una de sus visitas a la capital uruguaya por los años sesenta cuando sus padres se exilaron en Montevideo. Aún conservo en mi biblioteca familiar, los libros que sus padres me dejaron como herencia, cuando retornaron a Brasil finalizados los años de la oscura dictadura militar brasileña. Horacio había estudiado ingeniería en Brasil, como yo en Uruguay, y tuvimos siempre, también en este terreno, un idioma común. Tendría mucho para escribir sobre Horacio pero, las limitaciones del espacio y la emoción que siento, me impiden extenderme más. Zilda, su querida hermana, y mi querida amiga, y Claudete, su esposa, sin duda, encontrarán consuelo a tan irreparable pérdida física. Horacio no se fue del todo, apenas se alejó de nosotros. Se fue, como vivió, pacífica y silenciosamente… Lo mismo, sin duda, corresponde a los compañeros de la ASA, a sus amigos de toda la vida, y a la propia institución “Sholem Aleijem”. Me dirijo ahora a Horacio: Horacio, las personas como tú, como tus padres, no mueren nunca…pues vivieron la vida de tal suerte, que vivos quedan aún, en la muerte… Y para mí, como seguramente para todos los que te conocieron y trataron, así será…Sólo un reproche: ¿Por qué razón, en medio de tus preocupaciones, olvidaste que, para vivir, también hay que respirar…? DR. LUIZ MENDEL GOLDBERG - La vida y la muerte, la muerte y la vida, son mellizas inseparables…Este último número de “ASA” me trajo el gozo de saber que, mi queridísimo amigo Luiz Mendel Goldberg, cumplió noventa años de edad que, en realidad, son noventa años de provechosa vida… Mi amistad con Luiz y con Hilda arrancó desde el mes de julio del año 1960, cuando un mes después de la muerte de mi padre, los conocí en una visita que ellos realizaron junto con otro inolvidable, Samuel Safkier y señora, a la Redacción de “Unzer Fraint”. Ellos retornaban de un paseo por Bariloche y vinieron al “Unzer Fraint”, donde yo, no obstante mi juventud, era en ese momento el responsable de la edición del diario en idish de ese día, y debí recibirlos y atenderlos. Luiz me informó de las actividades del ICUF en Brasil en general y en Rio en particular y de las actividades de las Instituciones judías cariocas y en el resto del país y yo, por mi parte, les informé sobre el ICUF en Uruguay y las actividades del Movimiento Progresista Judío en Montevideo. Escribí, en idish, sobre su visita a la Redacción y les envié la crónica. Hice esos días un paseo con ellos, a quienes recién acababa de conocer, por todo Montevideo. Esos dos días, se gestó, con Luiz e Hilda Goldberg, una amistad que, felizmente, nunca se interrumpió. Residí en el hogar de los Goldberg en Rio de Janeiro y ellos lo hicieron, años más tarde, en mi hogar materno de Montevideo. ¿Qué puedo yo, desde Montevideo, agregar a cuánto ha hecho Luiz, junto a Hilda, por las instituciones progresistas judías en Rio y en Brasil, que los cariocas no sepan? Uds., como yo, hemos conocido de primera mano su obra y vida comunitaria. Me dirijo ahora a Luiz: desde Montevideo, levanto una copa y brindo, junto a todos los que lo queremos, por el comienzo de una nueva etapa productiva en su vida y por su salud, y por el gozo de la vida junto a su esposa Hilda, y a su hija Anette. Lejaim!!!
Isac Gliksberg, Montevidéu, Uruguai
Sequestro
Diante da crítica à expressão truculenta do sionismo atual, muitos na Diáspora simplesmente voltam as costas ou a ignoram, considerando as manifestações indignadas como mais uma faceta do velho antissemitismo, dos que querem historicamente a destruição do Estado de Israel ou dos “que sempre estiveram e estarão contra nós”. Tal política de avestruz, no entanto, não se apresenta como resposta adequada à crescente incapacidade de despertar empatia, ao isolamento e até mesmo à ameaça que paira sobre o judaísmo diaspórico, no qual respingam cada vez mais as fervuras do Oriente Médio. Pelo contrário, se veem ressurgir, inclusive no seio das esquerdas, argumentos que facilmente resvalam do antissionismo para o antissemitismo, como o domínio da mídia e das finanças internacionais pelos judeus sionistas, capazes de manter e instrumentalizar a seu favor, por exemplo, o inabalável apoio dos Estados Unidos, o grande interventor na vida dos povos, a Israel. A colaboração, com as autoridades nazistas, de lideranças pró-sionistas de comunidades judaicas, acuadas ou forçadas, no esquema de transferência de fundos de judeus alemães para a Palestina, com a contrapartida de compra de produtos da Alemanha, ou na constituição das odiadas polícias judaicas dos guetos durante a guerra é apresentada, sem muita sutileza, como uma similitude de métodos e práticas capazes de explicar o que se passa na Palestina de hoje. Nazismo e sionismo teriam, assim, bebido em fontes senão idênticas, próximas. Há os que se encantam com as atitudes do Neturei Karta – o agrupamento de judeus ortodoxos que nega o Estado de Israel devido à sua origem não divina –, sem se dar conta, em sua ignorância, de que estão apoiando o que há de mais reacionário e minoritário dentre as tantas vertentes do judaísmo. No mundo contemporâneo da multiplicidade acelerada de informações, a falta de gestos e mudanças substanciais de política facilita a gestação de concepções superficiais, equivocadas ou pessimistas quanto à possibilidade de se desfazer o que a autora denomina o sequestro do sionismo humanista. Enfim, o quadro que se apresenta sugere que “ser amigo de Israel” é uma condição que mudou de patamar, ou, em suas palavras, se transformou, sob pena de se perderem os muitos corações e mentes que, na história recente, deram forma a uma postura de admiração e solidariedade. Mas, essa é, ainda, a grande dificuldade: rever o apoio acrítico e incondicional das comunidades da Diáspora a todo e qualquer ato do governo israelense e criar mecanismos e canais para que esse novo status de “amigo” tenha algum tipo de influência nos rumos da paz no Oriente Médio. Repensar o sionismo significa, portanto, repensar também o papel dessas comunidades e seu modo de interagir com os nossos correligionários daquele pequeno país. Renato Mayer, Rio de Janeiro, RJ |
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